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viernes, febrero 17, 2006

Lo prometido es deuda

Como dije ayer mismo, hoy voy a incluir en este blog uno de mis relatos. Este en concreto fue presentado hace unos meses a un premio literario, pero no ganó nada. Espero que a vosotros os guste un poco más. Por lo demás, hoy no tengo mucho más que contar. Es viernes y el cansancio de la semana empieza a hacer mella en mí. Espero que lo leáis muchos, ya que hace ya un par de días que no veo ningún comentario nuevo y empiezo a temer que sea el único que está leyendo el blog.

Ahí va la historia


SOÑAR DESPIERTO

Otra vez lo estaba haciendo. De nuevo se encontraba en uno de sus habituales episodios de ensoñación. Se suponía que Alfredo Martín se encontraba en la universidad en plena clase de física aplicada, pero, a pesar de que su cuerpo se encontraba realmente allí, su mente se encontraba definitivamente en otro sitio. Soñar despierto era, como solía decir siempre su madre, uno de sus hábitos más deplorables, adjetivo este que Alfredo consideraba excesivamente exagerado para definir una actividad tan sumamente placentera.

Alfredo había sido un soñador desde que había tenido uso de razón. Solía mantenerse quieto durante largos periodos de tiempo mirando al vacío como si no tuviese nada ni nadie alrededor. También había sido escritor aficionado casi desde el momento en que había sido capaz de sostener un lápiz, y soñar despierto era la manera más habitual en que se inspiraba. Nunca había publicado nada y no estaba seguro de querer hacerlo, pero por otro lado le encantaba soñar despierto y las historias que así se le ocurrían. Por lo general, solía acabar por olvidar la mayoría de esos sueños, pero algunos habían llegado a convertirse en relatos cortos bastante notables que bien podrían haber sido publicados.

Durante sus sueños, Alfredo tendía a verse a sí mismo como un héroe todopoderoso sin ningún punto débil, precisamente el tipo de héroe que aparecería montado sobre un caballo blanco para salvar a la atribulada princesa cautiva. En los sueños él era siempre un tipo bien parecido, humilde, y fuerte, muy fuerte. Habitualmente, solía soñar con alguna mujer que le atraía y que siempre parecía encontrarse en algún tipo de dificultad. No aparecían dragones que capturaban hermosas y jóvenes princesas, pero siempre había algún peligro que él podía superar.

Soñar despierto solía ocupar casi todo el tiempo de Alfredo, y a veces incluso el que debería dedicar a dormir. Aunque los sueños nocturnos eran también algo muy placentero, siempre había preferido soñar despierto. Se sentía más seguro así, sabiendo que podía controlar el sueño e incluso encaminarlo en la dirección que él quería, lo cual había sido siempre el detalle más positivo. No le gustaba la sensación de verse a sí mismo dentro de un sueño que no podía controlar y, durante los últimos años, había reducido sus horas de sueño a tres o cuatro por noche. Solía tener aspecto cansado y adormilado durante todo el día y su madre no dejaba de decirle que debería echarse una siesta, pero él simplemente no se preocupaba por eso. La fatiga era ya algo familiar con lo que había aprendido a vivir, por lo que suponía que podría seguir así por muchos años. Pasaba casi todos los días simplemente sobreviviendo, y sus sueños eran una gran ayuda para conseguirlo. Sólo pensaba en vivir sin problemas ni preocupaciones, acabar la universidad — que había sido una imposición de sus padres — y tal vez, en un futuro cercano, ganarse la vida convirtiendo sus sueños en exitosas novelas o al menos relatos cortos.

Y ahí estaba de nuevo. Otro día en la universidad y otro día en su propio mundo. Desde el primer día en la universidad, Alfredo siempre había llevado consigo a clase una pequeña grabadora digital que le permitía centrarse en sus sueños, al tiempo que ella trabajaba por su cuenta. Las clases de la universidad le resultaban muy aburridas, razón por la cual Alfredo solía pasar la mayor parte del tiempo soñando nuevas historias, tanto si era para guardarlas como si iban a ser tan efímeras como de costumbre. A veces, llegaba incluso a escribir algunas ideas sacadas de los sueños, pero la mayor parte del tiempo se limitaba a permanecer sentado con la mirada fija en el profesor como si le estuviese prestando atención. Era una atención fingida, pero realmente Alfredo era muy bueno fingiendo, sobre todo teniendo en cuenta que jamás había recibido una queja de sus profesores.

Era su último año en la universidad, así que Alfredo había empezado a tomar en consideración la posibilidad de escribir una novela basada en los sueños que había imaginado durante los últimos días. Había creado un personaje sin nombre que estaba recibiendo algún tipo de tratamiento psiquiátrico y había imaginado un problema de múltiple personalidad que le resultaba muy interesante, ya que un personaje como ese podría dar mucho juego y, sobre todo, ser totalmente impredecible. Aún le quedaban tres horas de clase ese día, por lo que Alfredo pensó que podría llegar a escribir unos cuantos buenos pasajes si era capaz de concentrarse en ello. La pequeña y siempre útil grabadora digital estaba ya trabajando y tenía una memoria con capacidad para más de tres horas, así que Alfredo se olvidó de la física aplicada, cogió un lápiz y empezó a escribir en un pequeño cuaderno mientras el relato fluía en su mente. Las palabras acudían a su cabeza cada vez con más facilidad y justo cuando creía que iba a ser capaz de escribir todo un capítulo, sucedió algo inesperado. Tras casi una hora de escribir mientras soñaba despierto, Alfredo sintió una mano en su hombro derecho. Supuso que sólo podía ser una de las manos del profesor, por lo que decidió dejar de escribir y levantó la mirada mientras se preparaba para lo que pudiera ocurrir.

— ¿Otra vez soñando despierto? — preguntó el profesor — ¿y qué personalidad ha sido esta vez?

Alfredo levantó la cabeza y con gran sorpresa se dio cuenta de que ya no estaba en la universidad. Se encontraba en lo que parecía ser la consulta de un médico que, aunque le resultaba muy familiar, no era capaz de identificar.

― Tienes que poner más de tu parte si quieres recuperarte, David ― dijo el doctor ― Si quieres mantener la cordura, es crucial que intentes diferenciar entre la realidad y tus sueños ―. El médico encendió un cigarrillo y continuó hablando ― Por el brillo de tus ojos, me apostaría un millón de euros a que era Alfredo quien estaba contigo esta vez. Tienes que olvidar a Alfredo, David. No te está haciendo nada bueno y pronto no serás capaz de regresar de tus sueños y ser tú mismo otra vez. Esta vez te ha llevado casi una hora regresar a la realidad, y eso es algo que debe cambiar.

― David, sí, soy David, David Robles, ¿qué coño ha pasado aquí?

― Nada, David, nada. Me temo que vamos a tener que vernos muchas veces en el futuro ― Una campana sonó justo en ese momento ―. Bien David, parece que nos hemos vuelto a quedar sin tiempo otra vez. Te veré de nuevo el miércoles a la misma hora y, por favor, trata de ser tú mismo esa vez.

FIN




7 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien, esto me parece más acorde con el blog de un escritor en la vía de espera. Por cierto, muchas gracias por llamarme elemento nulo. Mira que después de dejarte un comentario de calidad, vas y me vienes con la cantidad: pa' matarte. Pese a todo, después de pedirte el relato me siento en deuda, así que te hago unas sugerencias (a leer y borrar si no quieres que queden por aquí, no me mosqueo):

SUGERENCIAS

La transposición de Alfred está bien, pero ganaría verosimilitud si me dijeras "estudiadamente humilde". "Humilde" a secas queda plano. Además, hay un problema de fondo. Lo de las historias de princesas queda un poco infantil para un tío que está en último año de carrera. Parece un impuber, o peor, un repelente Harry Potter. O le pones sueños más maduros o dejas claro que ésos eran los sueños de primaria y secundaria.

La frase (perdona que lo ponga todo así junto, espero que lo puedas leer bien) "solía ocupar casi todo el tiempo de Alfredo, y a veces incluso el que debería dedicar a dormir", resulta extraña. El segundo verbo concordaría mejor si dijeras "que hubiera debido dedicar" o simplemente "que debía". No sé por qué, pero hace una rara impresión escribir todo el relato en imperfecto y utilizar un condicional que tiene valor de futuro.

Más cosas: "que debería echarse una siesta, pero él simplemente no se preocupaba por eso." Lo cambiaría también a "debía" y separaría la frase "Él no se preocupaba por eso". El "simplemente" lo tiras a la papelera. No añade nada y es un ancla en la frase. Para colmo lo repites dos frases más tarde ("simplemente sobreviviendo"). Código rojo, código rojo. ¿Nunca te han dicho lo de los adverbios acabados en mente? Deberías pagarme por esto ;-)En fin, vaya a cuenta de lo del comercial, me sentí identificado.

A ver, una de cal: "Otro día en la universidad y otro día en su propio mundo". Esa frase funciona muy bien.

"Las clases de la universidad" aquí suprime "universidad". Va ya la tercera vez en 8 líneas, y además las clases nos sitúan ya allí. No van a ser clases de calceta, joer.

"Alfredo solía pasar la mayor parte del tiempo soñando nuevas historias ,tanto si era para guardarlas como si iban a ser tan efímeras como de costumbre". Se hunde como el Titanic. Prueba otra cosa. "Alfredo solía pasar la mayor parte del tiempo soñando nuevas historias, aunque la mayoría tenían una vida efímera." (mejor para mi gusto, "aunque la mayoría morían tan pronto eran alumbradas"). No te empeñes en utilizar una palabra si no funciona ni en alargar las frases sin un buen motivo. Lo que puedes decir con 5 palabras lo dices con 5 palabras.

"Era una atención fingida, pero realmente Alfredo era muy bueno fingiendo, sobre todo teniendo en cuenta que jamás había recibido una queja de sus profesores." Aquí el "sobre todo" no pega. Le falta precisión. Tendría más sentido decir "la prueba era que jamás había recibido una queja de sus profesores".

"Era su último año en la universidad, así que Alfredo había empezado a tomar en consideración la posibilidad de escribir una novela basada en los sueños que había imaginado durante los últimos días." No mola. Empiezo el párrafo esperando que Alfredo tome la decisión de su vida y resulta que todo lo que se le ocurre es utilizar los sueños de sus últimos días (?). Hay una contradicción; por un lado parece que va a imponer un cambio radical en su vida tipo D day, pero por el otro no hace más que lo de siempre. Al menos debería recurrir a los sueños de los últimos 4 años, para que no defraudaras al lector. De hecho, tienes que darnos la impresión de que va hacer el equipaje completo de su vida, de que se muda al país de los sueños. Cuadraría bien con la lucha entre personalidades. Al final esto se reinterpretaría con la información del final del cuento que nos dice que el país de los sueños es el real.

"La pequeña y siempre útil grabadora digital estaba ya..." Esto vuelve a quedar plano como Holanda. Adórnalo un poco. No sé, no soy el escritor, pero di por ejemplo "la pequeña esclava digital estaba ya atareada escuchando la monótona voz del profesor"

El giro final está bien. Salva el cuento.

Dale un repasito a los pronombres demostrativos.
"un personaje como ese" y "adjetivo este que Alfredo" se acentúan. Parecen tonterías, pero ese fallo en las primeras frases te tira de un concurso. De nada.

Anónimo dijo...

COMENTARIO

En el fondo no está mal, pero ya entiendo porque no ganaste el concurso. Lo digo sin acritud. El relato iba bien hasta que dijiste que Alfredo era un escritor amateur. No es buena idea. Guarda este relato en el cajón hasta que estés consagrado si quieres llega a estarlo. A mí no me desagrada, pero imagino el efecto en el jurado cuya obsesión es cribar en las primeras frases. Es demoledor, escribes eso y el cabrón del jurado piensa "no me cuentes tu vida". Y la puntilla es lo del "que bien podían haber sido publicados". Ahí el cabroncete que te la tiene jurada (a ti como a todo el mundo, porque leer 300 cuentos en una tarde no es plato de gusto) pensaría: "mira, encima se está reivindicando". Para colmo, una vez que tienes el personaje tan pegado a la piel que el lector-jurado te identifica (mala idea) le echas encima el marrón de ser esquizofrénico. Aquí ya el cabroncete se retuerce de risa a tu costa. No les des esa satisfacción. Lo dicho, éste no lo presentes a concursos. Salu2

Anónimo dijo...

Oye, y arregla el "if !supportEmptyParas]-->." No hace justicia a un informático ver el código ahí expuesto. Que indecencia XD

Jorge Urreta dijo...

Bien, tomo nota de las sugerencias, aunque no esté del todo de acuerdo con todas ellas. Respecto al extraño html que aparece al final, las culpas para el Internet Explorer. Yo uso Mozilla Firefox y no aperece el texto eso. Quien quiera comprobarlo, que use un navegador que no sea el Explorer.

gerhonimo dijo...

No te preocupes por alcanzar el reconocimiento y la fama. La fama y el dinero son como las mujeres malas, decía Faulkner.
En cuanto al relato, me parece que el recurso del sueño no es nuevo, fue usado por el escritores románticos del siglo XIX.
Me parece ver un eco del relato La Princesa Tigre, de Jean Ray, aunque en aquél relato los sueños provenían de la lectura de un libro.
En cuanto a las cuestiones estilísticas, bueno, no se quién decía que los escritores también rompen la normas.
Sigue adelante.

Txemo dijo...

Buen relato. Me ha gustado. Me recuerda un poco a los de Roald Dahl en cuanto al estilo y los finales inesperados.

Sigue así, los considero entretenidos y bien escritos.

Jorge Urreta dijo...

Gracias por los nuevos comentarios. Veo que parece que voy atrayendo a más gente, aunque no lo parecía. :)