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martes, junio 12, 2007

Actualización: La luz al final del túnel

Hoy he recibido un email verdaderamente alentador y que me permite ver una luz al final del túnel. Aún está lejana, pero parece que empieza a definirse.

Me ha escrito la agencia literaria de la que he estado hablando en mis últimos artículos, y que, cada día que pasa, me gusta todavía más. Si recordáis, escribí un artículo el día que les envié mi manuscrito por correo, hace exactamente dos meses, el 10 de abril. Lo curioso es que en su día, me dijeron que tardarían dos meses en darme una respuesta, a partir del momento en que recibieran el manuscrito, y el plazo no ha posido ser más exacto.

Según el email, han recibido un informe positivo de su lector, lo que pinta bastante bien. Me piden un poco más de paciencia, ya que quieren evaluar el manuscrito con más detalle. Me darán una respuesta definitiva el mes que viene.

Como podéis suponer, estaba casi a punto de proferir un grito de alegría mientras leía el email, hasta que he leído eso de que tengo que esperar un mes más. De todos modos, confío es que sea un mero trámite, de cara a detectar algún fallo que deba corregir o algún pasaje de la obra que no termine de convencerles. Me lleva a pensar eso el hecho de que, como conclusión del mensaje, me preguntan si existe ya alguna otra agencia literaria interesada en representarme. Parecen interesados, pero también cautelosos, lo que, en cierto modo, deja nuevamente a las claras su profesionalidad.

No sé si lo comenté en su día, pero esta agencia, cuyo nombre no revelaré hasta que haya firmado el contrato de representación (toco madera), representa al autor de uno de los mayores best sellers de este país en los últimos tiempos, por lo que estoy especialmente ilusionado con que hayan visto posibilidades en mi manuscrito y muestren cierto interés en representarme. Quién sabe, tal este mes sea para que hagan un primer contacto con alguna editorial amiga suya. No sé exactamente cómo funciona una agencia literaria (nunca antes había llegado tan lejos con una), y todo lo que pueda imaginar puede estar equivocado, así que prefiero apagar mi mente por un tiempo, antes de que mi a veces hiperactiva imaginación me haga volverme loco. Pero a pesar de eso, una agencia de renombre y con buena fama como la que nos ocupa, encargará sus informes de lectura a personas de solvencia ya acreditada, ¿no?

En estos momentos, estoy como flotando. Dentro de un rato o unos días pondré de nuevo los pies en la tierra y esperaré con paciencia que llegue el 12 o 13 de julio, ya que, atendiendo a la puntualidad suiza de esta agencia, será la fecha aproximada en la que me responderán con su decisión definitiva. Cruzad los dedos conmigo. Si lo consigo y ellos me consiguen un contrato de edición, será un sueño hecho realidad, y mi oportunidad para que las historias que bullen en mi cabeza lleguen a más gente.

Como siempre, os mantendré informados.

martes, abril 17, 2007

Sorpresas te da la vida

Buenas noches a todos.

Cuando uno cree que lo ha visto todo en el mundo literario y, concretamente, en el mundo de las cartas o mensajes de rechazo, alguien aparece con algo nuevo y sorprendente.

Hace un mes, tal y como ya comenté en su día, envié varias de mis obras a diversas editoriales y agencias literarias. Una de ellas fue a parar a una editorial pequeña (pero bastante activa) que se dedica principalmente a la novela fantástica y de ciencia ficción. La semana pasada (si la memoria de no me falla, el jueves) recibí un email de la editorial en cuestión, rechazando mi manuscrito, por dos razones.

Si alguna vez he sospechado que en alguna editorial han podido ignorar mis manuscritos sin realmente leerlos, esta vez estoy bastante seguro.

La novela en cuestión es de intriga y contiene ciertas pinceladas de novela fantástica. Una de las razones, la primera, que aducen para rechazarla, es que pasa del humor a la intriga sin llegar a decantarse por uno de ellos. No recuerdo haber escrito una novela humorística, aunque he de reconocer que éste es un dato subjetivo. Lo que a alguien le resulta gracioso, a otro puede no resultarle igualmente gracioso y viceversa, así que cuando lo leí me quedé con la mosca detrás de la oreja, aunque decidí darles en beneficio de la duda. Seguí leyendo, y me encontré con la segunda razón, la que me indica que no lo han leído: comentan, literalmente, que "la primera persona no es la mejor para narrar la historia". ¿Qué problema tengo con ese razonamiento? Simple y llanamente, que mi novela está narrada, desde la primera a la última letra, en tercera persona. Alguien que la haya leído no puede dejar pasar ese dato por alto, es un desliz demasiado garrafal.

Inmediatamente, envié un mensaje a la persona de la editorial que se había puesto en contacto conmigo, pidiendo educadamente explicaciones de lo sucedido. Quería (y en cierto modo, aún quiero) creer que todo ha sido un malentendido y puede explicarse. Por ejemplo, es perfectamente factible que alguien haya equivocado los informes de lectura de dos novelas distintas y me hayan enviado a mí un mensaje destinado a otra persona, pero han pasado ya cinco días y todavía nadie se ha dignado a decirme nada. La explicación no puede ser compleja, y si no les intereso y no tenían intención de leer mi manuscrito, bien podían habérmelo dicho sin rodeos y sin mensajes como el que he recibido.

Desde este espacio quiero reivindicar que considero que toda persona que haya dedicado parte de su tiempo libre a escribir una novela, merece un trato digno, aunque sea sólo para que le digan "Lo siento, en estos momentos, no nos interesa leer manuscritos". En mi caso, considero que es más sangrante, ya que para rechazar mi novela, han esgrimido argumentos que no se corresponden con lo que he escrito, cosa que creo una falta de respeto.

En el pasado, he escrito artículos como éste sin citar nombres, lo cual debo reconocer que me ha ganado alguna que otra crítica, tal vez porque alguien pudiera considerar que la falta de nombres propios indica que lo que contaba era mentira. Pues bien, no pienso revelar el nombre de la editorial, al menos de momento, y voy a exponer la razón. Dicha editorial me fue recomendada por una persona, escritor de ciencia ficción, que ya publicó hace un tiempo con ellos, con cierto éxito, además de tener previsto volver a hacerlo en breve. Considero que hacer en estos momentos mención del nombre de la editorial sólo podría perjudicar a dicha persona (además de a otros buenos escritores de este país), por lo que espero que todo el mundo comprenda o por lo menos respete mi decisión. Por otra parte, aún conservo la esperanza de recibir una respuesta aclaratoria.

No me importa si, a pesar de todo, rechazan mi manuscrito, sólo quiero que en caso de que lo hagan, sea por las razones adecuadas y porque de verdad lo han leído.

Adiós a todos.

miércoles, abril 11, 2007

¿Qué es realmente ser escritor?

Leyendo el blog de mi nueva "amiga" Maritornes (espero que no estar
tomándome demasiadas libertades con lo de "amiga") en
http://corteycorreccion.blogspot.com/, se me ha ocurrido incidir en el tema
de la coedición y, por cercanía, en la cantidad de personas que hay por
estos mundos que se consideran "escritores", sólo por saber juntar palabras
con más o menos significado.

Más de uno y más de dos se estarán rasgando las vestiduras en estos
momentos, pensando cómo puede ser que mi menda, un "escritor" que, salvo
este blog y algunos relatos online, no tiene nada tangible (osea, en papel)
publicado, pueda permitirse el lujo de criticar a otros en parecida
situación, pero es que algunos ejemplos claman al cielo.

Las editoriales de coedición y/o autoedición están siempre desbordadas de
trabajo, y en muchos casos, se debe a la gran cantidad de personas que se
consideran escritores. Yo me pregunto: ¿qué es ser escritor? ¿Llenar hojas
con palabras? ¿Saber juntar palabras en frases coherentes? ¿Contar historias
interesantes o simplemente divertidas? ¿Tener algo que contar y plasmarlo
por escrito? La respuesta a todas las preguntas, creo que es la misma: sí y
a la vez no.

Considero, en mi inmodestia, que se me ha dotado con cierta habilidad para
juntar palabras de una forma más correcta que el común de los mortales,
aunque muchos hay y muchos más surgirán en el futuro que me dan mil vueltas.
Pero no me considero escritor porque sepa escribir correctamente, que eso lo
puede aprender cualquiera, sino porque, además de que me gusta escribir,
pero, aún más importante, escribir CORRECTAMENTE, tengo una imaginación que,
desde pequeño, otros han considerado muy activa, lo que me lleva a querer
contar historias. El caso es que, si sólo hubiera querido contar historias y
no supiera escribir, me hubiera encontrado en la situación de muchos otros,
escribiendo auténticas burradas llenas de faltas de ortografía o
incongruencias bestiales, sólo por el hecho de contar historias.

Tan mal escritor (al menos de ficción) puede ser el que sabe qué quiere
contar pero no tiene ni idea de redactar correctamente, como aquel que,
siendo en algunos extremos incluso pedante, escribe con una corrección
supina, pero tiene menos imaginación o inventiva que un zapato de tacón. O
aquellos cuya única obsesión es llenar y llenar páginas, que sólo sienten
que son escritores cuando dicen orgullosos que han escrito una novela de 600
páginas, aunque luego sea más ladrillo por su contenido que por el peso de
los folios que han usado para imprimir el manuscrito.

No voy a negar que yo, personalmente, cuento las palabras que he escrito al
final del día, aunque se debe más a costumbres adquiridas en el pasado. Hace
tiempo que me planteé escribir algo cada día, incluso llegando a marcarme un
límite mínimo. A día de hoy, escribir me resulta tan fácil en comparación
con cuando empecé, que el número de palabras es meramente anecdótico. Pero en
un mundo en el que una editorial me rechazó un manuscrito porque ellos "sólo
publican textos de más de 400 páginas", no me extraña que surjan obsesiones
por el número de palabras que se escriben o porque escribir sea sólo juntar
y juntar palabras. Por cierto, yo no soy un experto en maquetación, pero
alguien debería explicarle a la persona de la editorial que me rechazó, que
400 páginas maquetadas no son lo mismo que 400 páginas en A4. Lo gracioso
del tema es que el manuscrito que envié era de algo más de 200 páginas en A4 (eso
sí, con interlineado doble), medida considerada más o menos estándar. De
hecho, si no recuerdo mal, el mínimo que habitualmente exigen en gran
cantidad de premios literarios, incluido el denostado Planeta, suele ser de
150 páginas en A4 a espaciado doble.

En conclusión, al menos en lo que a ficción se refiere, no vale todo, aunque
uno pague por ello. Todos hemos tenido alguna vez en nuestras manos un
libro, sea de un escritor reconocido o un novato, que nos ha dado dolor de
ojos y de corazón leer, por lo mal escrito y/o corregido que estaba. Libro
que, en muchos casos, sólo ha visto la luz por motivos económicos, bien que
alguien haya pagado por él (el propio autor, una fundación muy
filantrópica...) o bien que alguien considere que va a ganar mucho con él.
Tal vez sea una manía mía, que me lleva a leer al menos una vez más cada
artículo que escribo aquí o los que publico en foros en Internet, aunque sea
un foro de cocina o de informática, pero escribir es algo más que juntar
palabras. Y el que escriba habitualmente y después de terminar una
determinada frase, haya tenido esa placentera sensación de haber dado con la
metáfora perfecta que arrancará una sonrisa al lector, sabrá a qué me
refiero.

Jorge dixit (y Pixit, como decía la Ministra de cultura)

martes, abril 10, 2007

Los "otros" costes del escritor

Hoy he enviado a la agencia literaria que comenté la semana pasada el manuscrito que me pidieron, y justo cuando he salido de la oficina de Correos, me ha venido una pregunta a la mente: ¿por qué nadie se acuerda de los "otros" costes del escitor?

Cuando hablo de costes, en este caso no me refiero a nada profundo o metafísico, sino al significado más "prosaico" de la palabra. Al salir de Correos, me he dado cuenta de que me había gastado nada más y nada menos que doce euros para encuadernar y enviar un simple manuscrito, costes de papel y tinta de impresora aparte.

No es la primera vez que envío un manuscrito, ni creo que vaya a ser la última, pero hasta el momento, no he visto a nadie que después de rechazar un manuscrito, por la razón que sea, me lo haya devuelto, que muchos parecen darse no cuenta de que, aunque parezcan pequeñas cantidades cada vez, al final nos cuesta un buen dinero enviar manuscritos a toda la gente que nos interesa que los lean. Todos esos agentes literarios y editores que se jactan de que antes fueron escritores noveles como nosotros, ¿acaso no enviaron manuscritos en su día dejándose sus pequeñas cantidades de dinero como todos los demás?

Lo peor de todo es que estamos atrapados. El editor, agente o convocante de un premio pide que se le envíen los manuscritos encuadernados, por lo que al menos eso tendremos que hacerlo. Salvo el que trabaja en una oficina donde hay una de esas encuadernadoras de espiral, que pueda usar cuando no le vean, el resto tenemos que acudir a copisterías donde lo hagan, ya que comprar un aparato de esos, a pesar de no ser muy caros, no es rentable. Una encuadernadora, bien sea de espiral, canutillo o térmica, puede costar desde sólo 60 euros hasta salvajadas como 300, pero luego los consumibles (carpetas términas, anillas, canutillos, etc...) sólo te los venden de 100 en 100 y sólo sirven para una determinada cantidad de páginas, con lo que el día que compras 100 carpetas para 200 páginas estás condenado a enviar sólo manuscritos de 200 páginas o comprar 100 carpetas de 100 páginas el día que el manuscrito sea de sólo 100. Como ya decía, condenados a gastar un buen dinero sólo para enviar algo que no sabemos si van a aceptar.

Ni que decir tiene que considero que el hecho de haber pagado 12 euros para encuadernar y enviar un manuscrito deja bien a las claras que confío en sus posibilidades, aunque no es mi opinión la que al final va a contar.

De todos modos, estoy ilusionado. No estoy enviando el manuscrito por probar, sino que esta vez me lo han solicitado expresamente después de leer un resumen. Como he hecho el envío a última hora de la tarde (casi no llego antes del cierre de Correos), supongo que saldrá mañana, así que si voy a recibir algún tipo de acuse de recibo, debería esperarlo con suerte para este viernes y con algo menos de suerte para comienzos de la semana que viene. Cruzaré tantos dedos como pueda.

Hala, ya me he quedado a gusto. Hasta la próxima.

lunes, abril 02, 2007

Noticias frescas y una breve disertación

Buenas noches a todos.

No esperaba escribir de nuevo tan pronto, pero es que hoy me he llevado una muy grata sorpresa. Cuando he ido a casa a comer, se me ha ocurrido echar un vistazo a mis emails, y me he topado con uno que parecía ser una respuesta de una agencia literaria, con la que me puse en contacto la semana pasada.

A dicha editorial le había enviado la sinopsis de uno de mis manuscritos. A pesar de todo, la primera impresión ha sido pensar que una semana es quizá muy poco tiempo para una respuesta, por lo que me temía lo peor. Nada más lejos de la realidad. La respuesta ha sido positiva y ahora me solicitan que les envíe, impreso y encuadernado, el manuscrito completo. Como se acerca la Semana Santa, lo dejaré para la semana que viene, pero lo voy a enviar seguro.

Las sensaciones son buenas. De momento, mi contacto con la agencia, cuyo nombre omitiré de momento, a menos que en el futuro firme con ellos, se ha limitado al intercambio de un par de emails, pero debo reconocer que han sido muy amables y solícitos, respondiendo siempre con una presteza que hasta ahora no había visto. Además, representan a algunos autores bastante importantes en la actualidad y tienen buena fama, así que de momento, no hay queja. Dicen que tardarán dos meses en valorar el manuscritos. Ya sólo me quedará esperar y para el vareno sabré si quieren o no representarme.

Al hilo de lo anterior, se me ha ocurrido también, basándome en mi propia experiencia, dedicar unas cuantas líneas a la forma en la que algunas editoriales y agentes tratan a la gente que, con toda su ilusión, les envían su material.

Quien, como yo y otros antes que yo, ha buscado alguna vez editoriales en Internet, se habrá topado con editoriales que en sus webs escriben cosas del estilo de "No se aceptan manuscritos no solicitados y, en caso de recibirlos, no se mantendrá correspondencia con sus autores". Básicamente, advierten que, si les envías un manuscrito, éste irá a la basura y no te dirán que lo han tirado. ¿Sabéis una cosa? Me parece bien. Son editoriales que, o bien sólo trabajan con textos remitidos por agentes literarios o bien sólo se dedican a publicar a autores extranjeros o a las reediciones de clásicos. Con algunos agentes pasa lo mismo, aunque en ese caso, son agentes que tienen una cartera de autores consagrados, de esos que convierten en oro todo lo que tocan, y no necesitan más. Todos estos por lo menos van de frente y son sinceros.

Pero, ¿qué ocurre con todos aquellos que cuando no les interesa lo que envías, simplemente no responden? Muchos ni siquiera avisan de este hecho en sus webs o sus comunicaciones cuando entras en contacto con ellos, con lo que, cuando pasa el plazo previsto para su respuesta, te quedas pensando en qué estará ocurriendo. ¿Serán tres meses justos o tengo que dar un margen de tres meses y medio? ¿Se habrán olvidado de mí? ¿Debo insistirles? ¿Se habrá traspapelado la respuesta o andará perdida en el ciberespacio? Preguntas sin respuesta, que pueden desesperar al más pintado. Ya no es sólo responder, ¿también cuesta tanto dejar las cosas claras a la gente para evitar que perdamos tiempo o nos volvamos locos? Muchos editores y agentes literarios han sdo antes autores en busca de alguien que les publique, y parece que se hayan olvidado de lo mal que se pasa cuando han transcurrido varios meses y nadie te ha respondido.

Bueno, eso es todo. Os mantendré informados sobre cómo evoluciona mi relación con esta agencia. A ver si hay suerte y es para contaros que he firmado un contrato de representación. Eso tampoco me aseguraría la publicación, pero seguro que sería un gran paso en la dirección adecuada.

miércoles, marzo 21, 2007

Un mes después, una nueva actualización

A falta de poco más de una semana para que finalicen las votaciones del premio de novela de yoescribo.com, he decidido hacer una pequeña actualización de mi situación, aparte de que hacía ya más de un mes que no escribía nada en el blog.

Como ya apunté en anteriores entradas, he dado carpetazo a mi efímera relación con aquel agente literario que se puso en contacto conmigo y después ya no volvió a decir nada. Han pasado ya casi siete meses desde que me escribiera por primera vez y en vista de que no ha vuelto a decir nada y no contestó a un email que le envié para saber de él, he avanzado por mi cuenta.

Aunque llevo ya bastante tiempo en esto de escribir y enviar manuscritos y siempre he hecho alarde de tener bastante paciencia, esta vez me he cansado (y quemado) un poco más de lo habitual, por lo que he decidido ir con todo y a por todas. He cogido todas las novelas que tengo escritas y ya suficientemente repasadas y corregidas, y todas ellas han tenido ya uno o varios destinos. Concretamente, se resumiría en los siguientes puntos:

1) La primera novela que escribí, que hasta que no dé por finalizada la que estoy escribiendo ahora es la más larga que he escrito, está en estos momentos siendo estudiada por una agencia literaria. Dicha agencia me ha solicitado tener acceso exclusivo al manuscrito mientras toman su decisión, por lo que esta novela no se la he enviado a nadie más.

2) La segunda novela que escribí es la que actualmente se encuentra participando en el premio de novela de yoescribo.com. Si alguno no la conoce o simplemente la ha olvidado, se llama "Aviso para navegantes". Por descontado, no se la he enviado a nadie más.

3) Aparte de las mencionadas, tengo otras tres novelas, dos de ellas encuadrables en la ciencia-ficción y otra que sería un "thriller" con ciertos toques fantásticos. De esta última, he enviado sinopsis y un par de fragmentos a tres editoriales que tienen bastante buena pinta y fama de hacer caso a autores noveles, aparte de publicar bastante novela fantástica y de ciencia-ficción. De las otras dos, he enviado el mismo material a dos de esas mismas tres editoriales. Ahora sólo me queda esperar a que respondan si les interesa recibir los manuscritos completos o no.

4) Me queda otra novela, concretamente la segunda que escribí y que presenté a un premio literario que no gané, pero que necesita un buen repaso. Desde hace unos meses, cuento con una PDA que me autoregalé en Navidad, así que tengo la posibilidad de ir leyendo y repasando mis textos en cualquier momentos, incluso en el metro.

5) Un día de estos, tengo que sacar una copia impresa de una de las dos novelas de ciencia-ficción. Actualmente, no tengo disponible una impresora, por lo que tengo que depender de ir a casa de un amigo. Tengo intención de enviar dicha novela a una agencia literaria con la que ya traté hace tiempo. En su día, no quisieron representarme, pero hace poco, me puse en contacto con ellos para conocer su disponibilidad y me dijeron que se acordaban de mí y que estarían interesados en leer lo que tengo para enviarles. Eso me lleva a pensar que tal vez cuando me puse en contacto la primera vez no les interesó el tipo de novela, pero sí mi estilo literario.

Por lo demás, sigo como siempre, escribiendo casi todos los días. Hace tiempo que no publico ningún relato o historia corta en este blog o en yoescribo.com, pero eso no se debe a que no escriba, sino a que estoy volcado en mi última novela, de la cual estoy afrontando ya la última parte (aunque eso no quiere decir que me queden pocas páginas, ya que la conclusión promete ser jugosa). Como ya he comentado unas líneas más arriba, va a ser la novela más larga que he escrito hasta el momento. Por ahora, habré completado unas 200 páginas en A4 con espaciado simple. Teniendo en cuanta que, según los expertos, se puede calcular el número de páginas que tendrá una novela multiplicando el número de folios que ocupa por una página y media, estaríamos hablando en estos momentos de 300 páginas, cuando aún me queda material para 50 ó 100 folios más. Cuando termine, supongo que me tomaré unos días de descanso, aunque he de confesar que siempre que termino una novela pienso en tomarme una semana de descanso, y al final, me pongo a escribir la siguiente antes de tres o cuatro días.

Como siempre, espero que la próxima entrada sea para contaros que alguien quiere publicar alguno de mis escritos. Mientras tanto, yo seguiré aumentando la colección.

jueves, febrero 15, 2007

Otra más

Ha vuelto a pasar, no sé si es mi sino, o un mal común a todos los escritores que como yo, están en eterna espera de una respuesta.

Supongo que recordaréis que, hace ya un tiempo, comenté que un agente literario me habíia pedido que le enviara un manuscrito mío, después de haber leído lo que tengo publicado en yoescribo.com.

Pues bien, tras seis meses (que ya me parecían una espera hasta excesiva), la semana pasada envié un email al mencionado agente, interesándome por el estado de mi manuscrito y por si se acordaba de mí. Lo malo es que que parece no acordarse de mí, o simplemente no quiere contestar, como ya en otras veces me ha ocurrido. ¿Acaso resulta tan complicado decir simplemente no? Yo no soy masoquista, pero prefiero mil veces antes una negativa mínimamente educada a que me ignoren.

A pesar de todo, tengo paciencia y moral para rato, además de un contrato indefinido, así que tengo tiempo y mi vida no depende de publicar el nuevo best seller definitivo. Me he puesto en contacto con más editoriales que nunca, en esta ocasión con todas a la vez, y espero acertar esta vez.

Es una pena que no pueda daros mejores noticias. Tal vez la próxima vez. Mientras tanto, no dejéis de leer la novela que presenté al premio de novela de yoescribo.com, "Aviso para navegantes". Las votaciones tendrán lugar entre el 1 y el 31 de marzo. Si os gusta, no dejéis de votarme.

viernes, diciembre 29, 2006

Últimas noticias

Siguiendo la noticia que publiqué hace ya algún tiempo, están ya disponibles mis dos últimas aportaciones a yoescribo.com.

La primera, la historia corta "El estudio", es la misma historia que ya publiqué en su momento en este mismo blog, aunque en el formato de yoescribo.com, con lo que aquellos que prefiráis bajaros la obra completa en pdf para imprimirla o leerla en vuestro ordenador, pda o dispositivo móvil del tipo que sea, la teneis dispuesta en pdf para cuando queráis.

La otra obra, de la que también hablé en su día, se llama "Aviso para navegantes", y es la primera obra larga (120 páginas en este caso) que cuelgo en Internet. En este caso, también la he presentado al VI premio de novela de yoescribo.com, cuyo plazo de admisión finaliza el 15 de febrero de 2007. Como estoy interesado en ganar dicho premio (para algo me presento, ¿no?), voy a pasar a detallar un poco más las bases, de cara a que todo el mundo esté enterado. Con esto ni os estoy pidiendo el voto a ciegas, sin haber leído la obra, ni quiero que os sintáis de ningún modo obligados a votarme. Sólo quiero que quien sinceramente quiera votarme y crea que la obra debe ganar, pueda hacerlo sin problemas y sepa cuándo y cómo.

Como ya he mencionado, el plazo de inscripción del premio finaliza el 15 de febrero. Cada obra que se presente al premio debera haber sido ya subida al portal por su autor para dicha fecha, aunque no hace falta que esté disponible para descarga, basta con que esté en proceso de maquetación. Por esta razón, el proceso de votaciones no se lleva a cabo de forma inmediata, para dar tiempo a que las obras presentadas que aún no hayan sido maquetadas, tengan las mismas posibilidades que las que ya estuvieran disponibles para descarga antes de la finalización del plazo.

Una vez culminado el proceso de reccepción e inscripción de obras, empezará el premio en sí, cuyo periodo más significativo, de cara a los usuarios del portal, será el comprendido entre los días 1 y 31 de marzo, momento en el que los lectores podrán votar a sus obras favoritas. Una vez pasado el mes de marzo, no se admitirán más votaciones.

El fallo del premio se decidirá a partes iguales entre los votos de los lectores y el criterio de un jurado elegido al efecto y formado por varios profesionales del mundo literario, miembros de la Fundaciín Cabana (creadora e impulsadora de yoescribo.com) y la escritora que ganó la última edición del premio. El fallo definitivo se dará a conocer el día 19 de mayo de 2007, en las páginas del propio portal.

Eso es todo, más o menos resumido. Aunque suene a tópico, espero que gane el mejor, pero no voy a negar que espero que el mejor sea yo. Eso, aparte de a los miembros del jurado, les corresponde juzgarlo a todos aquellos que lean la novela y crean que debe ganar.

Por lo demás, todo sigue igual en mi pequeño mundo literario. Dentro de algo más de una semana se cumplirán ya cuatro meses desde que aquel agente liteario que comenté se pusiera en contacto conmigo, y aquí sigo yo, esperando. De todos modos, no cuento la mayor parte del mes de diciembre entre esos cuatro meses, teniendo en cuenta que son malas fechas, y no sólo por las fiestas navideñas. No he seguido su actividad, pero atendiendo al hecho de que el tipo que me escribió es editor, además de agente literario, la época navideña y los meses anteriores a ésta son fechas de mucho trabajo y de muchas novedades literarias, que hay que aprovechar el tirón de Papá Noel y los Reyes Magos.

Sin más, me despido hasta el próximo artículo. Un saludo a todos. Feliz Navidad y próspero año nuevo. Yo espero que 2007 sea por fin mi año.

martes, diciembre 19, 2006

Etreum, la biblioteca del destino

Ese es el título de la primera novela de J. M. S. Gamboa, autor de mi blog amigo Diario de un escritor, que podréis encontrar en http://diarioescritor.bitacoras.com. Empezó su blog hace menos de un año para dar a conocer al gran público su novela Etreum, la cual llevaba ya un tiempo moviendo, como buenamente podía, entre diversas editoriales.

Hace poco os hablé ya de él y su novela, y comenté que había sido seleccionada por una editorial, llamada Actéon, que la iba a publicar. Pues bien, la novela ha sido ya publicada, tras dos presentaciones bastante exitosas.

Os recomiendo que no dejéis escapar esta novela, una gran primera novela, que merece la pena leerse y merece llegar a la mayor cantidad de gente posible. Sé que está disponible en los establecimientos de La Casa del Libro y desde la web de la propia editorial, http://www.acteoneditorial.com, aunque supongo que estará disponible también en otras librerías.

En fin, no dejéis que se os escape. Puede ser un gran regalo para estas Navidades.

sábado, noviembre 11, 2006

Otra novedad

Sólo unas pocas líneas para anunciar que he dado un pequeño paso más en la publicación de mis obras en internet. Después de decidir por enésima vez que no me fio de los premios literarios de este país, he decidido que me voy a presentar a uno.

¿Locura? ¿Cruce de cables? ¿Trastorno en general? No exactamente. He decidido presentarme al único premio al que, a día de hoy, doy alguna credibilidad: el premio de novela de yoescribo.com.

Es el único premio del que me fio algo porque he visto ganarlo en los últimos años a gente como yo, que luchaba por darse a conocer, mientras el mundo editorial no les daba una oportunidad. Hace tiempo que tenía terminada una novela que, a pesar de gustarme mucho cómo resultó, se sale mucho de lo que habitualmente escribo, que tira más por el misterio y/o la ciencia-ficción.

El plazo de admisión de obras para el premio va desde el 1 de diciembre de 2006 hasta el 15 de febrero de 2007, pero como tardan unos 21 días en maquetar y subir cada obra que se les envía, he decidido enviarla ya y tenerla lista justo para cuando empiece el plazo. Una vez leí que a un premio literario conviene enviar los manuscritos lo más cerca posible del comienzo del plazo, momento en el que aún se encuentra al jurado fresco y con ganas de leer. Dicen que si envías algo a última hora, corres el riesgo de que los miembros del jurado estén más quemados y tiendan a eliminar manuscritos con más ligereza. No sé si será verdad o no (prefiero dar al menos el beneficio de la duda a los jurados), pero es una práctica que siempre he seguido.

El premio se decide entre el jurado y los votos de usuarios que las obras presentadas reciban entre el 1 y el 31 de marzo. No voy a pediros el voto (por lo menos no sin leer la obra) pero sí que participéis y votéis por mi obra si consideráis que debe ganar.

La obra se llama "Aviso para navegantes", tiene 120 páginas y éste es el resumen que aparecerá en yoescribo.com cuando la obra esté ya subida:

“Aviso para navegantes” es la retrospectiva de un treintañero que decide hacer un resumen de su vida en clave de enseñanza para quien lo quiera leer. Cuenta la vida y “aventuras” de un adolescente de los 80, con todo lo que ello implica. Los juegos de la infancia, el descubrimiento del sexo y el amor, la búsqueda de la propia identidad y la vocación. Narrado en primera persona, cubre desde que el protagonista tuvo uso de razón hasta su llegada a la universidad, pasando por todos aquellos episodios que marcaron su vida y forjaron su personalidad.


Como podéis suponer, no voy a publicar aquí la obra, porque con lo larga que es tardaría mucho si quisiera hacerlo en capítulos. Cuando la obra esté en yoescribo.com, publicaré un enlace para que podáis leerla.

Eso es todo por hoy. Saludos a todos.

P.D: Si alguno lo ha pensado cuando ha leído el resumen, la obra no es una autobiografía. Tanto el personaje como la mayoría de las situaciones que vive son inventadas. No negaré que para alguna cosa me he basado en mí mismo, pero se puede decir que el personaje es un 5% yo y un 95% original.

martes, noviembre 07, 2006

Hoy un poco de publicidad

Podéis estar tranquilos, no voy a venderos ni un coche (que no tengo) ni sellos para que os forréis, ni nada de nada, sólo voy a hacer publicidad de un blog amigo (que los que hayáis reparado en mis vínculos conoceréis) y que merece mucho la pena.

Es el blog de José M. S. Gamboa, otro asiduo escritor de yoescribo.com y recientemente agraciado con la llamada (no la del ahorro esa del anuncio de la tele) de una editorial. El muchacho (no conozco su edad, así que de momento, le llamaremos muchacho) llevaba ya un tiempo tratando de dar publicidad a su novela Etreum, principalmente gracias a su blog, y ha surtido efecto. En breve, presumiblemente para la campaña navideña, la editorial catalana Actéon publicará su novela, bajo en título de Etreum: La biblioteca del destino.

Desde aquí os animo a los que soléis visitarme (que últimamente sois poquitos) a que no dejéis de hablar de esta novela con todos aquellos a los que conocéis y que gusten del género fantástico, en el cual se incluye. Más adelante actualizaré la información con la fecha de publicación, aunque si queréis saberlo todo de primera mano, sólo deberéis acercaros por http://diarioescritor.bitacoras.com

Por mi parte todo sigue como hasta ahora. Esta semana se cumplen ya dos meses desde que el agente literario que comenté se puso en contacto conmigo, así que supongo que estoy dos meses más cerca de tener una respuesta. Por lo demás, la escritura sigue su curso y yo sigo con la novela con la que estaba, que va camino de ser larga.

Antes de que se me olvide, tengo que agradecer especialmente a todos aquellos que han estado leyendo mis escritos en yoescribo.com. De vez en cuando, echo un viztazo a mis obras y he visto que tengo dos en la lista de las más leídas de los últimos seis meses, en sus respectivas categorías. Una es la primera novela corta que publiqué en yoescribo.com, llamada "¿Quién dijo miedo?", que, después de un año, sigue entre las más leídas. La otra es "Invasión", la que publiqué en este mismo blog por capítulos, y que también se mantiene entre las más leídas. Una vez más, gracias a todos.

Pues nada más por hoy. Buenas noches y hasta la próxima actualización.

martes, octubre 31, 2006

Un nuevo texto

Hoy, aprovechando que mañana es fiesta y que no voy a celebrar el Halloween ese, he decidido dar un repasillo a mis textos, con idea de añadir alguno a yoescribo.com y tal vez a este blog. Al final, después de darle un par de vueltas, me he decidido por una historia corta, de unas 10 páginas, que escribí hace tiempo. Se puede decir que es uno de esos textos que sé positivamente que nunca van a ganar un premio literario en este país (de hecho, ya lo he presentado a dos o tres), así que me apetece compartirlo. No voy a explicar cuál es le género del relato, ya que en cierto modo, podría llegar a destrozar el final, que es una de las mejores partes, a mi entender, de la historia.

Otro caso será cuando lo suba a yoescribo.com, que tendré que subirlo a la categoría más adecuada. De momento, lo dejaré disponible aquí, mientras en yoescribo.con lo maquetan y suben, tarea que puede llevar varias semanas.

Por lo demás, todo sigue como siempre. Yo sigo esperando una respuesta del agente que se puso en contacto conmigo (de esto hace ya mes y medio), manteniendo vivas todas las ilusiones. Hace tiempo que tengo la paciencia bastante entrenada, así que lo llevo relativamente bien.

Espero que os guste el relato. En principio pensé en publicarlo en dos partes, pero tampoco es demasiado largo y al final lo voy a publicar todo junto. Va ser un gran post, sí señor.




EL ESTUDIO

Hoy, después de un año, vuelvo a esa maldita casa. Sé que no está bien que hable así de la casa de mis padres, máxime cuando ellos aún viven en ella, pero es algo que no puedo evitar.

Hace ya un año que me independicé —uno de los momentos más felices de mi vida— y a pesar del tiempo transcurrido, aún me siento bastante inquieto cuando pienso en los últimos años que pasé en casa de mis padres. Todos hemos visto alguna vez uno de esos documentales y películas en las que aparecen casas encantadas, o al menos casas que sus dueños creen encantadas. Hasta hace unos años, yo siempre me había reído de esas historias, cuya autoría atribuía a gente que se aburre y necesita dar la nota de alguna manera. Hasta que empecé a notar cosas raras que no podía explicar.

Todo empezó sin previo aviso, y sin una causa que yo pudiera identificar. Un psicólogo con toda seguridad me habría diagnosticado algún tipo de crisis de ansiedad, pero en mi vida no había en esos momentos nada que pudiera justificar tal ansiedad. La primera vez me pilló de sorpresa, un día normal en el que no había ocurrido nada. Cuando todo empezó, yo estaba en la cama, pensando un poco como suelo hacer siempre antes de dormir.

Sentí de repente como si unas manos me recorriesen todo el cuerpo desde la cabeza a los pies y me quedé paralizado en el sitio. Intenté moverme por todos los medios pero era como si esas manos invisibles tuvieran la fuerza de veinte hombres haciendo presión sobre mi cuerpo. Intenté también gritar como si me fuera la vida en ello, pero no llegué a emitir ni el más mínimo suspiro. Hasta aquí, no hay nada que diferencie esa experiencia de los típicos sueños que aparecen en los libros de psicología y psiquiatría. Salvo el hecho de que ni ahora, después de haberle dado vueltas durante un año, estoy seguro de si estaba despierto o dormido cuando ocurrió. La lógica me dice que tenía que estar dormido, pero no puedo recordar el momento en que se supone que desperté. Recuperé la movilidad y el habla sin saber cómo, y sobre todo, sin la sensación de estar despertando de un sueño. Durante todo el tiempo fui incapaz de ver nada o abrir los ojos —no sabría precisarlo— pero en todo momento estuve seguro de seguir despierto. Una vez que todo hubo pasado, me encontré mirando al techo de mi habitación con la poca luz que se filtraba de las farolas de la calle y con un ligero dolor de cabeza. Pasé varios minutos en esa postura y sin poder dormir, más que nada por miedo a que el extraño suceso volviese a ocurrir. Al cabo de un rato volví a dormirme y el resto de la noche transcurrió sin novedad.

La misma situación se repitió sin variaciones durante un par de semanas. La historia se repetía una y otra vez: mientras intentaba dormirme o me adormilaba, unas manos me recorrían el cuerpo y al final recuperaba el control de mis funciones sin tener sensación de haber estado durmiendo. Pasé todo ese tiempo “ejercitando” mi mente cada vez que las manos invisibles me recorrían. El “ejercicio” consistía en concentrar todos mis pensamientos en alejar al “ente” que me atormentaba. Para esa época ya había dejado de pensar en esa situación como una pesadilla y había comenzado a atribuirla a un “ente” que no podía identificar. Mi formación académica de ciencias debería llevarme a descartar las explicaciones paranormales, pero también creo que he leído suficientes novelas fantásticas y de terror como para que me hayan influido. Cuanto más luchaba contra la presencia que sentía, o al menos creía sentir, más me convencía de que no era un simple sueño.

El sueño, o lo que quiera que fuese, continuó evolucionando con cuentagotas. Se fueron sucediendo los cambios, pero siempre cada mucho tiempo y con cambios pequeños cada vez.

El primer cambio notable tuvo lugar cerca de tres o cuatro meses después de empezar todo. Fue notable, y también bastante puñetero. La noche comenzó bien, o tal vez debería decir mejor que bien. Para mi sorpresa, conseguí dormirme sin más, sin manos que me recorriesen y sin parálisis. Hasta aquí todo era bueno y parecía que la noche me iba por fin a ser favorable, pero me esperaba la peor de las posibilidades, la más descorazonadora.

Me desperté de repente, entre veinte y treinta minutos después de haberme dormido, sobresaltado como si hubiera tenido una pesadilla, aunque no recordaba ninguna. Esa situación no debería ser extraña, pero a mí, acostumbrado a dormir siempre de un tirón y sin darme cuenta, me resultó cuanto menos intrigante. Me quedé despierto unos minutos mientras intentaba hacer memoria y ver si era capaz de recordar qué me había sobresaltado como para despertarme de esa manera, pero fui incapaz de recordar nada, por lo que al final me di la vuelta e intenté dormirme de nuevo.

En contra de mi habitual costumbre de caer dormido con gran facilidad, pasé unos cuantos minutos —en mi cabeza calculé unos diez— intentando dormir de nuevo. Tras ese tiempo, no sólo no conseguí volver a caer dormido, sino que además la sensación familiar de tener unas manos recorriéndome volvió con más fuerza. Además, si hubo un momento en el que estuve seguro de estar despierto mientras todo ocurría, fue justo esa noche. Las vueltas que había dado en la cama durante los diez minutos en los que me había afanado en retomar el sueño me habían desvelado y me habían dejado con la sensación de que no iba a conseguir dormir en toda la noche. La situación evolucionó como de costumbre, con parálisis y silencio forzoso incluidos, aunque duró mucho más de lo habitual, yo diría que casi el doble. Pasé todo el tiempo concentrado al máximo en alejar al “ente” de mi lado, gritando en mi mente que era más fuerte que él y que se fuese. Cuando vi que aquello no funcionaba y que la sensación de ansiedad se hacía más intensa que en otras ocasiones, pasé a los insultos y a llamar a mi “ente” de todo menos bonito.

Desde ese día, la nueva situación pasó a ser la habitual, e incluso parecía como si cada vez se añadiesen unos pocos segundos al invisible toqueteo. A pesar de todo, y gracias sobre todo a que, por mucho que durase la experiencia, al final siempre lograba dormirme, conseguí mantener la cordura durante el día. De hecho, el trabajo, mis amigos y el resto de pequeños detalles del día a día hacían que cada mañana lo olvidase todo. Sólo lo recordaba poco después de meterme en la cama, y no tardaba en ponerme al día. Con el tiempo fui mejorando mi técnica mental de alejamiento del “ente”, y fui logrando que la duración del tocamiento, o lo que en realidad fuera, se redujera día a día un poquito. Parecía que empezaba a controlar la situación y era cada día más capaz de conseguir salir de ella con rapidez.

Así pasé el tiempo, toreando cada noche la nueva situación hasta que, de nuevo sin previo aviso, volvió a mutar, como si del virus de la gripe se tratara. Aunque esa vez no fue un cambio tan significativo ni perdurable, sino sólo algo que creí ver.

Para entonces, había mejorado mucho mi capacidad de concentración, y era capaz de dominar la ansiedad del momento hasta el punto de que me limitaba a dejar pasar el tiempo mientras me entretenía en insultar a mi amigo el “ente” o llenar mi cabeza con el mayor número de estupideces intrascendentes que me venían a la mente en ese momento.

Una noche, el nivel de concentración llegó a tal punto que la habitual ceguera que acompañaba al tocamiento y la ansiedad dio paso a un montón de sombras difusas. Era como un ciego al que hubiesen operado y que empezaba a recobrar la vista. En ese momento, vi una figura, que identifiqué como masculina, que me miraba desde el fondo de una especie de cueva. La experiencia duró sólo unos pocos segundos, por lo que no pude fijarme en ningún detalle más ni forzar la vista lo suficiente como para ver mejor al extraño personaje. Si fuese uno de esos fanáticos del fenómeno ovni, me habría fijado en si era uno de esos personajes cabezones de piel gris y tres dedos en las manos, pero nunca lo he sido.

Vi algo. No sé qué o quién era, pero estoy seguro de que me vigilaba. Y lo que es más me intrigó fue que no me estaba tocando, a pesar de que yo aún sentía las mismas manos extrañas de siempre. Y todavía no he logrado quitarme de la cabeza la imagen de la silueta, alta y fornida.

A partir de entonces, intenté durante muchos días mantener el mismo nivel de concentración y ver de nuevo la silueta, la cueva —o lo que fuera—, o cualquier otra cosa que me diera alguna pista, pero fui incapaz de volver a ver nada. Era como si el “ente” se hubiera dado cuenta de que me estaba acercando demasiado y se hubiera esforzado en bloquear mi mente. Mi concentración seguía permitiéndome sobrellevar la ansiedad y la sensación de estar viviendo una experiencia paranormal, pero no volvió a llevarme más allá. Y además, en poco tiempo dejó de servirme, cuando todo empezó a moverse a mi alrededor.

Esa fue la última variación en mi experiencia misteriosa, y la más espectacular. Como en las otras ocasiones, pasó de un día para otro sin posibilidad de haberlo adivinado con anterioridad. De repente, seguía sintiendo las extrañas manos, pero ya no me recorrían el cuerpo, sino que lo agarraban y lo movían. Como no era capaz de abrir los ojos, todas mis ideas sobre esos movimientos se basaban en conjeturas y sensaciones. La sensación de movimiento, de estar siendo transportado de un sitio a otro por el aire, era muy notable y no tenía ninguna duda de que eso era lo que estaba ocurriendo, a pesar de no tener pruebas visuales. En esos días empecé a dejar de pensar en un “ente” para dar cabida en mi cabeza a la posibilidad de los extraterrestres y una abducción. Comencé a pensar que tal vez, de una manera extraña, la sensación de unas manos recorriéndome no debía de ser otra sino las manos de unos médicos alienígenas examinándome y haciendo todo tipo de pruebas. La idea me hacía gracia, pero al mismo tiempo me aterraba, tal vez influido por todos los capítulos de Expediente X que he visto a lo largo de los años, algunos de ellos más de tres o cuatro veces.

Con la sensación de movimiento vino también otro pequeño cambio, positivo en parte pero también bastante puñetero. Por primera vez en varios meses, deje de experimentar los fenómenos extraños cada noche. Pasó de ser algo diario a ser aleatorio. Podía ocurrir cualquier noche y de igual manera que con las variaciones anteriores, no solía tener pistas para saber cuándo podía pasar y cuándo no. Lo único que llegué a descubrir era que los sábados por la noche no me ocurría. Deduje que con seguridad se debería a que los sábados por la noche —más bien domingos por la mañana— llegaba a casa con varias copas de más, lo cual propiciaba que me durmiese casi al instante nada más posar la cabeza sobre la almohada. Visto eso, pensé en tomar un par de copas —o tres— antes de ir a la cama cada noche, pero me echó atrás la posibilidad de tener problemas en el trabajo al día siguiente y sobre todo, lo que mi madre podría hacerme si me pillaba bebiendo en casa y encima entre semana. Como la mayor parte de la gente de mi edad y entorno, siempre he sido uno de tantos bebedores de fin de semana, y aunque mi madre siempre lo haya sabido, no creía que le hiciera mucha gracia descubrirme bebiendo entre semana.

Descarté el alcohol y decidí que lo mejor sería dejarlo ya por imposible y aprender a vivir con ello. La sensación de movimiento se transformó con el tiempo en una especie de vuelo —supongo que eso es lo que llaman viaje astral— y descubrí que no era tan desagradable como el magreo con el que todo había empezado. La arbitrariedad con la que se producía era también un detalle a favor de la despreocupación, máxime teniendo en cuenta que cada vez eran menos los días en los que sucedía algo.

Aún recuerdo el último día en que ocurrió. Fue una semana antes de que me fuera de casa, y todavía me sorprende cada vez que pienso en ello.

Todo empezó como en los últimos tiempos, con la sensación de que alguien me estaba agarrando con fuerza y me movía con el mismo ímpetu. El movimiento fue muy brusco esa noche y el vuelo aún más rápido. Pero lo más increíble no fue eso, sino que si saber cómo, mis ojos se abrieron de repente. No recuerdo haberlo hecho de forma consciente, sólo que se abrieron y me mostraron la escena más increíble que había visto jamás. Me encontré mirando a mis pies, que estaban perfectos y en su sitio al final de mis piernas, pero no en su sitio habitual en este mundo. Estaba levitando, a unos treinta centímetros del suelo. No había nada a mi alrededor, excepto los muebles de mi habitación. Ningún hilo, cuerda, “ente” o plataforma que me sostuviera en el aire. Estaba flotando sin saber cómo ni por qué ni quién o qué lo había hecho. Intenté moverme en todas direcciones e incluso hice un gesto instintivo para intentar bajar, aunque no estaba seguro de ser capaz de hacerlo. Todo fue infructuoso, así que al final decidí cerrar los ojos de nuevo y confiar en que al abrirlos todo volvería a la normalidad.

Volver a la normalidad me llevó tres aperturas y cierres de ojos, hasta que de nuevo me invadió la sensación de vuelo y arrastre y me encontré en mi cama como si nada hubiera ocurrido en realidad, aunque un dolor de cabeza bastante más fuerte que de costumbre me recordaba que algo había pasado. Aunque esa fue la última vez. Desde entonces nunca más he vuelto a tener ninguna sensación extraña o “sobrenatural” antes de dormir.

Hoy vuelvo después de un año de tranquilidad y ausencia de experiencias extrañas. Algo me come por dentro y sé lo que es. Después de haber pasado tanto tiempo de tranquilidad, no tengo ni idea de cómo podría reaccionar si me ocurriese de nuevo. Sigo convencido de que hay algo sobrenatural o extraterrestre en esa casa, y es posible que sólo haya estado aletargado durante este tiempo. No entiendo por qué era el único de la casa en sufrir los efectos de la presencia, pero estoy seguro de que algo había. Por suerte para mi y mi cordura, sólo voy a pasar un par de semanas con mis padres, mientras terminan unas obras en mi casa. Espero que no ocurra nada, y si ocurre, estoy preparado para lo que sea. Creo mi mente sigue siendo aún fuerte, aunque espero no tener que comprobarlo.

Ha llegado por fin el momento. Estoy frente a la puerta con mi maleta en la mano. Llevo ya casi cinco minutos acercando la mano al timbre y alejándola casi al instante, sin atreverme a llamar. He procurado no hacer ruido, no sea que mi madre —que parece estar en casa viendo la tele— me oiga y se acerque a comprobar si hay alguien en la puerta. No creo que supiera explicarle lo que estoy haciendo.

Esto es absurdo, no puedo esperar más. Sé que esto es algo que no puedo evitar y es mejor que lo haga cuanto antes. Aunque pudiera —de hecho, podría— no sería buena idea que me fuera sin más. Mi madre no tardaría en tratar de localizarme y me tendría un buen rato sometido a un interrogatorio que ni las fuerzas de élite de la Guardia Civil. Ya he pasado muchas veces a lo largo de mi vida por interrogatorios similares, y no quiero volver a hacerlo. Voy a acabar con esto, tengo que apretar el puñetero botón.

Ya está hecho. Oigo que mi madre se acerca a la puerta con tranquilidad, lo cual contrasta con mi acelerado rito cardíaco. Si tiene que ocurrir otra vez algo paranormal, no será hasta la noche, así que no debería estar nervioso ahora. Da igual, no puedo evitarlo, aunque sólo sea mi madre quien se acerca.

—Hola cariño, ¿ya has llegado? —como esperaba, es mi madre quien ha abierto la puerta.

—No, señora, no he llegado. Yo venía a ofrecerle esta enciclopedia de trescientos volúmenes sobre la cría del berberecho salvaje en cautividad.

—Pero que sinsorgo eres, anda pasa ya y deja de decir tonterías.

—¿Estás sola?

—Sí. Hoy tu padre trabaja en el turno de noche. Le hubiese gustado poder estar para saludarte, pero ha entrado a trabajar hace poco más de una hora.

—Bueno, tampoco es grave. Tengo un par de semanas para verle todos los días.

Son las doce de la noche. Llevo toda la tarde y parte de la noche dando palique a mi madre, más incluso que cuando vivía en esta casa. Por un lado, pienso que es absurdo esto de retrasar la hora de ir a dormir, pero por otra parte, no puedo evitarlo. Mi madre parece haberse dado cuenta de que pasa algo raro y no deja de preguntarme por qué no me voy a la cama. Creo que la excusa de la falta de sueño ya no va a colar una cuarta vez, así que supongo que ha llegado el momento de ir a la cama. No creo que duerma demasiado, pero tampoco puedo quedarme toda la noche despierto, al menos no en la sala.

—Bien, creo que es hora de ir a la cama. Parece que ya me va cogiendo un poco el sueño y yo sigo teniendo que ir a trabajar mañana, aunque no me apetezca nada. Hasta mañana.

—Vale hijo, hasta mañana.

Ya está liada. Me pongo el pijama y me meto en la cama. Sigo intranquilo y casi ni me atrevo a cerrar los ojos, pero tengo que hacerlo. Siempre he sido bastante hábil en el arte de relajarme y apartar las preocupaciones de mi cabeza antes de dormir, y espero que no sea menos.

Está pasando. He notado que me agarra de una de mis piernas y me cuesta horrores abrir los ojos. Hace un momento he logrado abrirlos durante un par de segundos, pero no he podido mantenerlos así. Noto la sensación de movimiento. De momento voy lento, pero noto que estoy acelerando poco a poco. Es la sensación de siempre, pero hoy parece que va a ser un viaje muy duro. Ni que fuera un viaje de LSD.

He podido abrir los ojos de nuevo. No sé dónde estoy, pero no es ninguna cueva como me pareció la otra vez. Es más bien como una especie de habitación, pero en nada parecida a lo que al menos hasta ahora conocía como habitación. Es un recinto con las paredes curvadas, dando la sensación de ser una especie de óvalo. Las paredes no tienen nada, ni ventanas, ni cuadros u objetos decorativos. Es lo más que puedo ver desde el suelo, que es donde estoy sentado. No puedo levantarme. Me siento muy débil, más de lo que recuerde haber estado jamás.

Parece que viene alguien.

—Bueno, parece que por fin has despertado. Espero que te encuentres con fuerzas suficientes, dentro de poco tendrás que presentar tu informe y hay mucha gente que depende de él.

—¿Informe? ¿De qué leches estás hablando? Y es más, ¿quién cojones eres tú?

Dios mío, no me lo puedo creer. Estoy hablando con un extraterrestre, y es justo como los describían en la tele y el cine, un tipo enano, asexuado y cabezón con grandes ojos negros, piel gris y sólo tres dedos en cada extremidad. Esto es más de lo que jamás habría imaginado.

—Vaya vaya, el famoso lenguaje grosero humano. Tranquilo, no te preocupes que dentro de poco se te quitará del todo, es uno de los efectos secundarios, pero por suerte no dura mucho.

—¿Efecto secundario de qué? ¿De vuestros experimentos? Así que es verdad eso de que visitáis la Tierra para hacer experimentos con nosotros.

—Uff, veo que aún no has empezado a recordar. Me avisaron de que de vez en cuando ocurren casos así, pero todavía no me había encontrado con ninguno. Dicen que hay uno de cada diez casos. Tú tranquilo, que todo volverá a la normalidad y en menos de medio ciclo habrás recordado quién eres.

—¿Quién soy? Yo sé quién soy. Me llamo Rodrigo Buendía.

—¿Pero tú te has mirado a ti mismo? No seas patético como un humano.

Ya no sé quién soy. He hecho lo que me han dicho y me he mirado. No sé si esto es un disfraz, un producto de mi imaginación o alguna táctica de control mental, pero esto no puede ser. Parezco uno de ellos, de los pies a la cabeza. Tengo los malditos tres dedos, tanto en las manos como en los pies, y la piel gris. No puedo decir nada de la cabeza, ya que no tengo ningún espejo en el que mirarme, pero no creo que desentone del resto del conjunto.

—Tranquilo, que no puede faltar mucho. De todos modos, te echaré una mano poniéndote en antecedentes. Tu nombre no es Rodrigo Buendía, al menos no en este planeta. Te llamas Zostar, y eres un guerrero del tercer ejército de las fuerzas del planeta Oa. Durante el último año, tu misión ha sido suplantar en la Tierra a un humano llamado Rodrigo Buendía. Mientras él estaba aquí, encerrado en una de nuestras celdas y dentro de una cámara de éxtasis, tu vivías su vida y recopilabas datos acerca de cómo nos ven los humanos y qué posibilidades tendríamos de cara a una posible invasión. Supongo que tu mente se ha metido tanto en el papel que ahora mismo no eres capaz de recordar quién eres. Bueno, se te veía muy ilusionado cuando te presentaste voluntario para la misión. Siempre te sentiste muy atraído por la Tierra y los humanos, pero supongo que todo pasará.

—Eso no puede ser. No sé que tácticas mentales estaréis usando, pero no vais a poder conmigo.

—Bien, será mejor que intentes dormir un poco. Tal vez cuando despiertes te encuentres mejor y lo hayas recordado todo. Tendré que cerrar la puerta, pero no te lo tomes a mal. No sabemos lo que podrías hacer mientras aún te creas humano, así que es sólo por tu propia protección. Mañana me lo agradecerás.

Acabo de despertar. Por fin recuerdo todo. Lo que me dijo Brekstar —ese es el nombre del tipo con el que hablé anoche— era todo cierto. Soy un agente de Oa y he pasado un año infiltrado entre los humanos para descubrir sus puntos débiles y cómo reaccionarían ante una invasión o ante las abducciones. Creo que la invasión no puede estar muy lejos. Teniendo en cuenta que hay humanos tan estúpidos para confundir una abducción con un fantasma o un “ente” —tengo que evitar la risa cuando pienso en esa palabra, “ente”— y otros que nunca creerán a los que aseguran haber sido abducidos, dudo que encontremos resistencia cuando lleguemos. Será todo muy rápido y 1también muy fácil.

En cierto modo, me dan algo de pena. Creo que he llegado a cogerles un poco de cariño.

FIN


viernes, septiembre 22, 2006

Pequeña actualización

Hoy me siento con ganas de echar la vista atrás, ya que no puedo, al menos de momento, adelantar noticias sobre lo que comenté en mi anterior post. Tiempo al tiempo y paciencia.

El caso es que hace un par de días, mientras pensaba en la posibilidad de publicar, empecé a recordar cómo, casi de la manera más tonta, empecé a escribir mi primera novela, la que ahora está en un posible proceso de publicación.

En realidad comenzó como un reto, quería ver si era capaz de escribir algo largo. Al principio me costó un poco, como a todos (supongo), pero poco a poco me fui soltando y al final acabé con un "tocho" de casi 400 páginas. Para más inri, es lo más largo que he escrito hasta el momento, aunque con eso no quiero decir que lo que he escrito después, que ha sido bastante, sea peor, pero no puedo negar que aquella primera novela superó todas mis expectativas.

A día de hoy, he escrito un total de cinco novelas, una serie de historias cortas como para formar un sexto libro y estoy en proceso de escribir otra novela más, aparte de que tengo un montón de ideas, todas anotadas en documentos de Word o en papeles varios, para escribir como otras siete u ocho novelas. Vamos, que mis neuronas no paran. Sólo me queda que, aparte de mis ideas, mi estilo y mi forma de contar historias gusten y ya estaría todo encaminado.

De todos modos, a pesar de ver más posibilidades que hace cuatro años, cuando empecé esa primera novela, tengo la paciencia más entrenada. Ya he pasado por el mandar cosas a editoriales y que ni siquiera te respondan o el presentarse a premios literarios (de los que cada día me convenzo más de que siempre están concedidos de antemano), por lo que ya he tenido que pasar antes por periodos de espera, más o menos largo, y llegar a casa cada tarde del trabajo con la esperanza de que haya una carta o un e-mail de una editorial. Eso no quita que, en caso de que llegue a publicar, no empiece a dar saltos de alegría o a gritar como un poseso el día que se confirme, pero ya he aprendido a tomármelo con calma.

Mientras tanto, yo sigo con mis historias. Cuando termine lo que estoy haciendo ahora, tengo pensado escribir algo corto, para despejar la cabeza, y probablemente acabe publicado en este blog y en yoescribo.com, como siempre.

Una última cosa antes de terminar: Si escribís y queréis tener la posibilidad de llegar a la gente, no puedo dejar de recomendaros yoescribo.com. He de reconocer que cuando publiqué ahí mi primera historia, no pensé que la pudiera leer mucha gente. La publicité un poco, con este blog y en los foros de yoescribo.com, y después de un año, me sorprende que sigue estando entre las obras más descargadas de su categoría (novela negra). Gracias a esa página estoy ahora soñando con la posibilidad de publicar, y veo que merece la pena. Aunque no me publicaran, me han dado la posibilidad de llegar a mucha más gente, y eso esatá muy bien.

Pues nada, eso es todo por hoy. A ver si la próxima vez puedo dar más noticias.

martes, septiembre 12, 2006

Nuevas noticias

Saludos a todos.

Siento haber dejado tan olvidado este blog, pero diversas circunstancias personales y algún que otro problema me han alejado de él. De hecho, últimamente no he escrito demasiado debido precisamente a esos mismos problemas, aunque recientemente he vuelto a hacerlo más o menos con la misma asiduidad que antaño.

Los que aparte de este blog seáis también habituales del blog amigo http://diarioescritor.bitacoras.com tal vez hayáis reparado en un comentario que dejé ayer mismo en el último post de dicho blog. Para los que aún no lo hayan leído, he aquí un pequeño resumen:

Si las cosas no se tuercen y la suerte me sonríe del todo (de momento, ha esbozado una pequeña sonrisilla) es posible que en un futuro, aún por determinar, deba cambiar el nombre de este blog o tal vez crear uno nuevo. Hace unos pocos días, recibí un email procedente de una persona que se presentaba a sí misma como agente literario, escritor y editor. Decía que había visto mis obras en yoescribo.com (sabía que hacía bien subiéndolas) y me solicitaba algún manuscrito que tuviera finalizado y un resumen de mis otros proyectos, en caso de que los tuviera. Adjunto al mensaje, llegó un documento de Word con información detallada de dos de los autores a los que representa y sus datos de contacto, para que pudiera pedirles referencias si lo deseaba.

Como es lógico, mi reacción inicial fue una mezcla de ilusión (nunca antes un agente se había puesto en contacto conmigo y no a la inversa) y de cierta desconfianza, motivada por las malas experiencias del pasado. Inmediatamente, me dispuse a verificar que la información fuera cierta y que dicha persona fuera quien decía ser (o por lo menos lo pareciera). Busqué en Google su dirección de correo y di con la página de la Agencia Española del ISBN, dependiente del Ministerio de Cultura, en la que aparecía dicha dirección, asociada a una editorial existente, curiosamente situada en un pueblo cercano a donde yo vivo. Esa fue la primera buena señal.

La segunda buena señal fue el email que recibí de uno de los autores que el agente había citado como referencias (el otro aún no me ha contestado). Confirmaba que conocía a la persona de la que le hablaba y que confiaba en él como agente, después de haber publicado con él su primera novela y estar actualmente moviendo la segunda por varias editoriales importantes.

Mi reacción no tardó en llegar y ayer mismo envié al agente una de mis novelas (concretamente la primera que escribí), junto con su sinopsis y un breve curriculum literario. Antes de que alguien lo comente, envié un manuscrito que tengo registrado, que nunca hay que bajar la guardia. De todos modos, la razón principal de que enviara precisamente ese manuscrito es que me siento muy orgulloso de él y es significativo de mi estilo como escritor.

Ahora ya sólo queda esperar pacientemente. Como esta historia podría llegar a truncarse o no llegar a buen puerto, no voy a dar más detalles de momento. Esa es la razón por que todavía no le he puesto nombres. Después de unas cuantas malas experiencias y de haber tratado con gente que, en la mayor parte de las ocasiones, ni responde, te hace ser más cauteloso con el tiempo. Aunque no puedo dejar de pensar que esta vez me han llamado a mí y no soy yo el que ha llamado. Eso tiene que significar algo, ¿no?

Y ya que hablamos de gente que llama y gente que no llama y cosas así, me surge una pregunta a la que he dado muchas vueltas en también muchas ocasiones. Yo entiendo que si una editorial no admite que se le envíen manuscritos no solicitados, no responda a éstos o que acaben en el cubo de la basura o como combustible para una chimenea. Lo que no entiendo es que haya editoriales (y he visto y sufrido ya unos pocos casos) que anuncian a bombo y platillo en su web que quieren que se les envíen manuscritos, pero que luego no responden nunca a algunos de ellos, ni siquiera con un simple acuse de recibo, que no resulta tan complejo. Y no estoy hablando de que no te hayan respondido después de dos o tres meses, que es más o menos la media de tiempo para recibir alguna respuesta, según mi experiencia, sino que pueden haber pasado siete u ocho meses sin que nadie se digne a decirte nada, ni siquiera si han recibido el manuscrito.

Hay que ver lo a gusto que se queda uno. Tenía ganas de soltar eso desde hace tiempo.

Bueno, esto... esto..., esto es todo, amigos. Espero que la próxima vez no pase tanto tiempo.

martes, abril 25, 2006

No es por criticar, pero hay cosas que claman al cielo

Esta mañana, cuando me disponía a coger el metro en mi ciudad (Bilbao) como cada mañana, una amable señorita me ha dado uno de esos panfletos que tan habitualmente nos encasquetan y que suelen terminar en la primera papelera de la estación. Para mi sorpresa, no se trataba de la habitual oferta financiera o la nueva tienda de los alrededores, sino de una pequeña colección de seis relatos cortos para leer durante el trayecto, como conmemoración (nunca es tarde si la dicha es buena) del día del libro.

No voy a escribir una disertación sobre por qué deberían hacer eso todos los días y no sólo cuando se acercan fechas señaladas (eso sería fácilmente buen material para otro artículo), sino sobre un detalle que me ha llamado poderosamente la atención y sobre el que no puedo dejar de hablar. Antes de que los afectados por mis próximas palabras se rasguen las vestiduras o entonen un "¿y este tipo quién es para criticarnos?", quiero dejar claro que mi intención no es desprestigiar a nadie, sino dar un pequeño tirón de orejas a quien sea responsable de lo que voy a explicar.

El caso es que he empezado a leer las historias con gran interés, hasta que he dado con una escrita por un paisano de Bilbao, conocido escritor de novela negra llamada José Javier Abasolo. Hasta el momento en que he leído su historia, que en líneas generales es interesante, había estado leyendo a buen ritmo, el cual se ha visto frenado en varios puntos del mencionado relato. Lo más significativo de la situación es que la historia en sí no resultaba árida, pero sí (y mucho por momentos) la redacción de la misma. Me he visto de repente sorprendido por un texto que, en algunos de sus párrafos, evidenciaba una preocupante escasez de comas, que obligaban a echar la vista atrás en ocasiones, para tratar de entender ese último párrafo escrito sin pausas. Yo puedo entender que un relato tan breve como ese (para quien lo quiera conocer, lo reproduzco al final del artículo) se puede llegar a escribir con rapidez y es susceptible de tener lagunas en la historia o hechos que se suceden con demasiada precipitación, pero no acierto a entender cómo puede pasar a estado impreso un relato que no resiste ni la primera revisión, aunque sólo sea por las comas. No voy a hablar del estilo del resto del texto, que me ha parecido correcto, pero sigo sin entender el banquete que el autor (o quien haya corregido el texto antes de su publicación) se ha dado con los signos de puntuación.

En fin, que lo que peor me sienta, aparte de haber lidiado con un relato breve más árido de lo que debería, es ver cómo a mucha gente (entre la que me incluyo) se le rechazan relatos revisados decenas de veces (en ocasiones tantas como intentos de publicación distintos), mientras esos mismos editores no dudan luego en editar a los autores conocidos o consagrados sin molestarse en corregir los textos o por lo menos ver si están ya corregidos. Alguien dijo una vez que hay autores que serían capaces de hacer un best-seller de su lista de la compra y es triste ver lo cerca de la realidad que esa afirmación se encuentra. No sé si esta reflexión debería ser tenida en cuenta por los editores, los autores, los correctores o todo el mundo en general, pero, como decía cierto personaje famoso en un libro no menos famoso: "Quien tenga oídos para oír, que oiga".

A continuación, paso a reproducir el relato en cuestión, tal y como ha sido publicado en el mencionado panfletillo, sin cambiar nada. He revisado el librillo al completo y no he visto ninguna prohibición expresa de reproducción, así que supongo que no estoy infringiendo las leyes de derechos de autor ni nada parecido. Si el autor o alguien relacionado con la obra lee este artículo y considera vulnerados sus derechos, que deje un comentario o me mande un e-mail a jorge.urreta@hotmail.com con las razones por las que deba retirar el artículo y lo haré gustosamente.

El asesino de la rosa negra

- José Javier Abasolo -


Ni en sus mejores sueños cinéfilos la inspectora Isabel Altube podría haberse imaginado que algún día llegaría a conocer a su ídolo, el director de cine español más premiado de los últimos tiempo, Laureano Fuentes. Pero tampoco sus peores pesadillas le habían avisado de la forma en que acabarían conociéndose.

Todo empezó con el estreno de la última película de Fuentes, en la que cambiando valientemente de registro, como afirmaron prácticamente la totalidad de los comentaristas, se había acercado con pulso firme y decidido al género negro. Era su primera película policíaca y pese a que sus detractores, que también los tenía, habían pronosticado que se estrellaría en el intento, no sólo no ocurrió así sino que todos los críticos tuvieron que reconocer no sólo su pericia como director sino su valentía y su acercamiento a la realidad desde el campo de la ficción, ya que el guión se basaba en unos crímenes reales que todavía seguían sumiendo en el desconcierto a la policía y en la intranquilidad a los ciudadanos.

El asesino de la rosa negra, su última película no sólo era un hermoso título para una brillante película, sino el apodo que los periodistas habían puesto a un misterioso criminal que había violado y asesinado a siete jóvenes y que tras perpetrar sus atrocidades dejaba entre los pechos ya inertes de sus víctimas una rosa teñida de color negro. En todos los periódicos del país se habían escrito cientos de páginas acerca no sólo de del caso sino también de la ineficacia de unas fuerzas policiales que meses después de que se iniciara la serie de crímenes seguían sin tener la menor pista. Era inevitable que llegara la película aunque nadie se hubiera imaginado que lo haría de la mano de Laureano Fuentes, un director de culto alejado normalmente de los círculos comerciales que acostumbraba a escribir en solitario el guión de sus películas.

El éxito fue total desde el mismo día del estreno. Gracias a El asesino de la rosa negra Laureano Fuentes, además de consolidarse como el mejor director español de todos los tiempos, se convirtió en el fenómeno mediático más importante del país. Hasta que la inspectora Isabel Altube, a la que por deformación profesional no le gustaba el cine de género negro, bastante crímenes veía todos los días como para solazarse con los inventados por guionistas de mente calenturienta, dejó de lado sus escrúpulos y decidió ver la última obra de su director preferido.

La película no la decepcionó ya que, como había aclamado la crítica y por una vez en la vida la crítica y el público opinaban igual, se trataba de una verdadera obra maestra pero a pesar de ello la inspectora salió de la sala completamente desazonada, con un extraño presentimiento. No quería precipitarse así que en lugar de tomarse un par de cervezas, como hacía siempre tras haber visto una buena película, se dirigió a la comisaría, a revisar los antecedentes de ese caso que había sido sepultado bajo la etiqueta de "autor o autores desconocidos". Los archivos le confirmaron lo que había sospechado. Lo que había visto en la sala cinematográfica era algo más que una película más, era una confesión en toda regla. Fuentes había incluido escenas, aspectos de la trama que eran auténticos pero nunca habían salido a la luz, tan auténticos que sólo podía conocerlos el auténtico asesino. No le fue difícil obtener otro tipo de confesión, una confesión más válida para presentar ante un juez. Laureano Fuentes había querido unir la realidad y el arte y eso fue lo que, según sus propias palabras, le convirtió en un asesino.

Sabía que seguramente sería su última oportunidad así que Isabel, antes de introducirle esposado en el furgón policial, le pidió que le firmara un autógrafo.

P.D.: Aparte de lo que decía de las comas comidas, creo que alguien debería decirle al autor que no abuse de la construcción "no sólo / sino", que tanto repite en la primera parte del relato.